miércoles, 7 de marzo de 2012

SER LA OTRA...

A veces uno lee un capítulo de una novela y piensa: “Vaya imaginación la de este autor. Son cosas de novela porque algo así es imposible que pueda pasar en la vida real”.  Pero pasa. ¿O acaso la vida amorosa de Mario Vargas Llosa no se parece a una novela? A una tan complicada como la vida misma.

Se supone que hay siete mujeres para cada hombre, sin lazos familiares entre ellos, pero este rebelde escritor hizo caso omiso a esas suposiciones, no una sino dos veces. Durante estos días me he preguntado qué habrán sentido en su momento, cada parte de este triángulo amoroso.

Julia Urquidi, con 29 años, estuvo dispuesta a pagar el precio de su amor, enfrentándose a los tabúes de la época y de su entorno. Recordemos que aún perteneciendo a una familia ultra conservadora, ya se había divorciado, lo que era bastante vergonzoso en esos años. Luego se enamora perdidamente de un joven 10 años menor, que además era su sobrino. El novel escritor, aunque enamorado, ve en ella la liberación y la posibilidad de convertirse en lo que soñaba, así que no dudó en enfrentar junto a ella, a la familia y la sociedad.

Luego vinieron los años en París, tan difíciles como para llevar a la pareja a una profunda crisis matrimonial, justamente cuando aparece Patricia, prima y sobrina de Mario, 10 años más joven que el escritor y 20 años menor que su tía carnal. Con un matrimonio haciendo agua y la presencia de una joven de 15 años como rival, Julia decide retirarse. “Varguitas”, como solían llamarlo, deberá enfrentar por segunda vez a su tío Lucho y a la tía Olga, esta vez ni como tíos ni como cuñados, sino como suegros.

Mi reflexión es: ¿qué sentirían ante esta situación, cada una de las partes? ¿Cómo se sentiría Julia? Quizás vieja, ante la insolente juventud de su sobrina. Seguro que traicionada: por su gran amor, por su sobrino político y por su propia sangre, su sobrina Patricia. Es posible que también se sintiera sola; no debe ser fácil resistir semejante realidad, aún con gente que apoye.

Mario y Patricia estaban juntos enfrentando a la familia, a la sociedad, a la prensa, a los amigos y conocidos… Pero se tenían uno al otro y luchaban por lo mismo: su amor. Por ese amor estaban dispuestos a todo; los sentimientos involucrados en esta relación debían ser muy fuertes, sin importar en qué parte del triángulo se encontrara quien lo sentía.

Al final, como canta Fito Páez: “... el amor es más fuerte”. El amor correspondido, claro, porque en este caso seguro que fue amor lo sintieron los tres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario